Nos empeñamos en proponernos metas ambiciosas basadas fundamentalmente en sueños. ¿Soñar nos hace humanos? ¿Más humanos de lo que somos más allá de nuestra biología? Es posible. Yo también soy de los que sueñan y no querría dejar de hacerlo.
Pero, según pasan los años, me doy cuenta de que son las pequeñas cosas las que le dan valor a la vida. Nos rodeamos de cosas en las que apenas reparamos. Un cojín, una cortina, una taza. Son objetos materiales que, del uso continuado, se convierten en la rutina que nos conforma.
Entre estas pequeñas cosas también incluyo los pequeños momentos: leer el periódico, subir la persiana cada mañana y contemplar como se despierta el jardín, el café de las once de la mañana, el suave deslizamiento de la estilográfica sobre el papel, un abrazo por sorpresa. Tantas cosas que, aunque se repitan cada día o, quizá, por eso, no suelen ser apreciadas.
Ese es el error. La vida son estos pequeños momentos y objetivos. Son los que conforman nuestro día a día. Eso es lo que somos. Lo demás son sueños.

The little things
We insist on setting ambitious goals based primarily on dreams. Does dreaming make us human? More human than we are beyond our biology? It is possible. I’m a dreamer myself, and I wouldn’t want to stop dreaming.
But, as the years go by, I realize that it’s the little things that give value to life. We surround ourselves with things we hardly notice. A cushion, a curtain, a cup. They are material objects that, from continued use, become the routine that shapes us.
Among these small things I also include the small moments: reading the newspaper, raising the shutter every morning and contemplating how the garden wakes up, the eleven o’clock coffee, the smooth glide of the fountain pen on the paper, a hug by surprise. So many things that, although they are repeated every day or, perhaps, because of that, are not usually appreciated.
That is the mistake. Life is these small moments and goals. They are what make up our day to day. That is who we are. The rest are dreams.